Cuando compras una silla de paseo acabas rodeada de accesorios: la caja trae algunos, la tienda te enseña otros, y los abuelos te regalan un par más. Al cabo de unas semanas te das cuenta de que siempre tiras de los mismos tres o cuatro, y el resto duerme en el armario. Vamos a repasar los que de verdad se usan, para qué sirve cada uno y qué conviene mirar antes de meterlos en la silla.
La burbuja de lluvia
Es el accesorio que más veces sale y vuelve a entrar en la cesta. Una lámina de plástico transparente que se ajusta sobre la capota y baja hasta el reposapiés, con una ventana por donde el niño respira y mira. En muchas sillas viene con la compra; en otras se vende aparte. Si vives en una zona con lluvia frecuente o con llovizna fina, la vas a usar más que la propia capota.
Lo que te interesa mirar es el ajuste. Una burbuja genérica puede caber en casi cualquier silla, pero si queda holgada el agua se cuela por los lados y el aire entra por abajo. Las que vienen cortadas para un modelo concreto se sujetan mejor, suelen tener gomas o velcros en los puntos justos y no tapan el manillar. También importa la ventilación: un plástico cerrado del todo empaña enseguida y el crío va dentro de una sauna. Busca aperturas de malla, aunque sean pequeñas, en la parte alta.
Un detalle que la gente pasa por alto: la burbuja no es para dejarla puesta cuando no llueve. En verano, con sol directo, dentro se acumula calor muy deprisa, bastante más que fuera. Se pone cuando cae agua y se guarda cuando escampa. Para secarla, extiéndela abierta antes de doblarla; si la pliegas mojada aparecen manchas y moho y el plástico se vuelve opaco en pocos meses.
El saco
El saco es una funda acolchada que forra el asiento y envuelve al niño de pies a hombros, con huecos para pasar el arnés de cinco puntos. Sirve para los meses de frío: el niño va vestido de calle normal y el saco hace de abrigo. Es más práctico que ponerle plumífero, porque un plumífero grueso impide que el arnés apriete bien contra el cuerpo y el cinturón queda flojo sobre la ropa, no sobre el niño.
Al elegirlo fíjate en tres cosas. Primero, que las ranuras del arnés coincidan con las de tu silla: no todos los sacos valen para todos los modelos, aunque el fabricante diga «universal». Segundo, el relleno: los sintéticos abrigan bien y se lavan en lavadora; los de borreguillo o pelo largo quedan muy vistosos pero sueltan pelusa y tardan en secar. Y tercero, la apertura. Un saco con cremallera en los dos lados o que se abre entero por delante te deja meter y sacar al niño sin pelearte; uno que solo abre por arriba acaba siendo un embudo.
Hay una versión más ligera, llamada a veces cubrepiés, que es solo la mitad inferior: cubre de la cintura para abajo. Es la que tiene sentido en entretiempo o cuando el niño ya lleva su propia chaqueta. En invierno de verdad, con viento, se queda corto.
La sombrilla
Aquí hay que separar dos cosas que se confunden. Una es la capota de la propia silla, que ya viene montada y suele llevar un tejido con filtro ultravioleta; en algunos modelos ese filtro es alto y la capota baja bastante por delante, lo que te resuelve casi todas las situaciones de sol. Si tu silla tiene una capota amplia que se extiende hasta el reposapiés, probablemente no necesitas sombrilla. Lo verás en la ficha, donde se indica el nivel de protección del tejido.
La sombrilla aparte, la clásica con pinza y brazo articulado, tiene sentido cuando el sol te entra lateral y la capota no llega: media mañana en verano, tarde en una terraza, playa con el sol bajo. El brazo flexible permite orientarla según gira la silla. El problema es que se mueve con el viento y, si la pinza no es firme, acaba girando sola o dando golpes en la cabeza del niño. Antes de salir de casa, compruébala con la mano.
Hay también cubiertas de malla negra que se ponen sobre la capota y bajan por delante como una cortina. Protegen del sol y de los mosquitos a la vez, dejan ver dentro y pesan poco. En paseos de verano por el campo o cerca de agua estancada se usan mucho más de lo que parece.
Los que vienen con la silla y conviene saber usar
Antes de comprar accesorios sueltos, mira bien lo que ya trae tu silla. La cesta inferior, por ejemplo, es un accesorio en sí misma: cada modelo admite una carga distinta (dos, tres o más kilos) y pasarse de ahí deforma la estructura. Lo tienes marcado en la ficha de cada modelo; respétalo aunque parezca que entra más.
El protector de arnés, esas almohadillas en las cintas que pasan por los hombros, no es un adorno: evita que la cinta roce el cuello en frenazos. Si se te pierden, se reponen. La barra frontal, cuando la silla la lleva, sirve para que el niño se agarre y para dar un punto más de rigidez; no sustituye al arnés, aunque el niño vaya «apoyado» en ella.
Las fundas de ruedas y los cubremanillares tienen más que ver con mantener la silla limpia que con el bebé. Son útiles si vas a usar el coche a menudo y no quieres manchar el maletero con las ruedas de la calle. Para el día a día en casa, basta con pasar un trapo húmedo por las ruedas al entrar. Para limpiarlas, mira cómo limpiar la tapicería y las ruedas.
Lo que suele sobrar
Hay accesorios que se venden mucho y se usan poco. El bolso cambiador a juego, cuando ya llevas una mochila con lo del niño, acaba vacío. Los organizadores que se cuelgan del manillar van bien para el móvil y las llaves, pero si los cargas de peso cambian el equilibrio de la silla y empieza a irse hacia atrás. Los posavasos para el adulto, parecidos.
Los juguetes colgantes atados a la capota entretienen al bebé muy pequeño, pero cuando el niño empieza a tirar de todo acaban en el suelo cada veinte metros. Mejor uno con pinza firme, y pocos.
Antes de comprar un accesorio suelto
Dos cosas que ahorran disgustos. La primera, comprobar que es compatible con tu modelo exacto. Una burbuja de la misma marca puede no valer para todas sus sillas; las medidas cambian de una generación a otra y los enganches también. Si en la ficha del accesorio no aparece tu modelo listado, pregunta antes.
La segunda, pensar en la fase en la que estás. Un saco de invierno comprado en marzo lo estrenarás el noviembre siguiente, cuando el niño ya habrá crecido una talla; una sombrilla para capota pequeña deja de hacer falta si cambias de silla a los seis meses. Si tienes claro que vas a usar la silla uno o dos años, compra lo que te hace falta ahora. Si vas a tirar con ella hasta los tres o cuatro, mira que los accesorios cubran también esa talla.
En la sección de accesorios para silla de paseo tienes recambios y añadidos agrupados por tipo, y las fichas de cada silla de paseo indican qué viene incluido en cada modelo. Si todavía estás eligiendo silla, en las sillas ligeras y en las sillas desde el nacimiento encontrarás los dos grupos que más se compran para el día a día, y en marcas puedes filtrar por fabricante si ya tienes uno en mente.