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Anchura silla paseo

Qué anchura de silla de paseo cabe en el ascensor y por las puertas de casa

Qué anchura de silla de paseo cabe en el ascensor y por las puertas de casa

El ancho de la silla es el dato que más disgustos da cuando llegas a casa y descubres que roza con el marco del ascensor o que no gira bien en el recibidor. Antes de mirar colores y capotas conviene medir dos sitios: la puerta del portal (o del ascensor) y el hueco por el que vas a entrar al piso. Con esos dos números en la mano, elegir deja de ser una lotería.

Qué parte de la silla manda al medir

Cuando el fabricante da el ancho de una silla, suele referirse al ancho total con las ruedas puestas, que es lo que de verdad te interesa. El chasis en sí es más estrecho, pero por el ascensor no entra el chasis solo: entra la silla entera, con las ruedas sobresaliendo a los lados. Fíjate en el dato de «ancho abierta» o «ancho con ruedas», no en la medida del asiento (que mide al bebé, no al hueco de tu casa).

Hay sillas que dan dos medidas: una abierta y otra plegada. La plegada sirve para el maletero y para subir por una escalera estrecha con la silla ya cerrada; la abierta es la que tiene que caber por donde la vas a empujar con el niño dentro. Son usos distintos y conviene no mezclarlos.

Cómo medir el ascensor y las puertas sin equivocarte

El hueco útil del ascensor no es el ancho de la cabina, es el ancho de la puerta cuando está abierta del todo. Mídelo con una cinta métrica, de un canto al otro, y resta un par de centímetros por si acaso: las puertas automáticas a veces no se abren del todo si hay algo en el sensor. En ascensores antiguos de los que tienen puerta de tijera por fuera, la medida que cuenta es la del hueco libre con la puerta plegada contra la pared.

Para las puertas de casa, mide el hueco libre con la puerta abierta a 90 grados, no el marco. La hoja de la puerta, cuando queda abierta, te come unos centímetros a un lado. Si tu puerta no abre del todo porque choca con un mueble o un tope, mide con lo que de verdad abre.

Hay un tercer sitio: el giro. Puede que la silla entre por la puerta, pero el recibidor sea tan estrecho que no puedas girar sin levantar el morro. En ese caso lo que importa no es el ancho, es el largo total de la silla, y lo mides del parachoques delantero al final de las ruedas traseras.

Rangos habituales según el tipo

Las sillas se mueven en unas franjas bastante reconocibles según su tipo. Las compactas de viaje y las ultraligeras son las más estrechas, porque están pensadas para pasillos de avión y maleteros pequeños. Las sillas de paseo compactas para viaje siguen este formato, y las sillas ligeras tienen un perfil parecido pensado para ciudad.

Las sillas de paseo de uso diario para ciudad suelen quedarse en un ancho que pasa por casi cualquier ascensor de edificio moderno, pero empieza a apretar en portales antiguos. Los carritos 2 en 1 y 3 en 1 tienden a ser algo más anchos porque llevan un chasis más robusto, ruedas más grandes y el capazo pide una estructura que no se encoge tanto como la de una silla simple.

Las todoterreno son las que peor lo tienen: ruedas de mayor diámetro, suspensión más marcada y, a menudo, una tercera rueda delantera que alarga el conjunto. Antes de meterte en una silla todoterreno, mide dos veces el ascensor. Y las gemelares, salvo las que colocan a los niños en línea una detrás de otra, son directamente anchas: en una silla gemelar clásica, los dos asientos van en paralelo y eso se nota.

Si dudas entre colocar a dos niños en paralelo o uno detrás del otro, lo tienes resuelto en cómo elegir una silla de paseo gemelar.

Trucos para los pasos justos

Si el ascensor te deja un margen muy pequeño, hay varias cosas que puedes mirar en la ficha antes de descartar un modelo. Haber montado y desmontado la silla al menos una vez en casa ayuda a saber por dónde pivota y cuánto ocupa cada pieza:

  • Ruedas delanteras giratorias con bloqueo: con las ruedas sueltas, la silla se mete de lado más fácilmente porque pivota mientras entra. Con las ruedas fijas, hay que acertar la trayectoria.
  • Manillar con altura regulable: no afecta al ancho, pero sí a la comodidad de empujar en un hueco apretado, porque te permite acercarte más a la silla y no clavar los codos en la puerta.
  • Reposapiés que no sobresale demasiado: cuanto más corto es el conjunto por delante, más fácil es girar en un recibidor estrecho.
  • Protectores de rueda o guardabarros: si rozas con el marco, no estropeas la pintura ni te manchas el abrigo.

Otra cosa que ayuda en un portal estrecho es la facilidad para plegar la silla con una mano. Si el día que coincides con otro vecino en el ascensor no cabéis los dos con la silla abierta, un plegado rápido te saca del apuro. En la página sobre cómo plegar la silla de paseo está explicado el gesto para los sistemas más habituales.

Escaleras, rellanos y portales sin ascensor

Si vives sin ascensor, el ancho importa menos y lo que manda es el peso y la forma del chasis. Una silla estrecha pero pesada se te hace cuesta arriba literalmente. Y si el portal tiene dos puertas seguidas con un rellano corto en medio (típico de edificios antiguos), lo que te va a complicar la vida no es el ancho de cada puerta, sino el espacio entre las dos: ahí entra en juego el largo de la silla y lo que gire con las ruedas delanteras liberadas. Si subes el conjunto por tramos, saber acoplar y soltar el capazo o el portabebés del chasis ahorra viajes.

Para subir y bajar bordillos y escalones sueltos, una suspensión decente en las ruedas traseras amortigua el golpe. Si además sales a caminos de tierra, el tipo de rueda pesa aún más al escoger. No tiene que ver con caber, pero sí con sacar la silla por un portal con escalón sin despertar al niño en cada bajada.

Qué anotar antes de decidir

Antes de ponerte a mirar modelos, ten estos cuatro números apuntados en el móvil:

  • Ancho del hueco del ascensor con la puerta abierta.
  • Ancho de la puerta de casa con la hoja abierta del todo.
  • Ancho mínimo del pasillo o recibidor donde tienes que girar.
  • Si vas a subir la silla al coche, ancho y alto del maletero.

Con esos cuatro datos, cuando mires la ficha de una silla concreta puedes comprobar en un minuto si entra o no. El dato suele venir en centímetros y, salvo que haga falta el milímetro exacto, con dejar dos o tres de margen por cada lado basta para no vivir cada entrada en el portal como una maniobra de aparcamiento.

Si al final el ascensor es muy justo y no hay silla cómoda que entre abierta, la salida habitual es combinar dos cosas: una silla principal más ancha para el día a día en la calle y una compacta para los momentos en los que toca plegar sí o sí. En pisos con huecos difíciles es la que menos problemas da.

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